Mis enojos triviales e incongruentes
Es sorprendente estar a la mañana afeitándote en el espejo y encontrarte de pronto tratando de volver a desmenuzar un viejo enojo. Me acordaba de "Las invasiones bárbaras", y toda esa parafernalia intelectual chauvinista que, aun con el avanzado cariz canadiense, va a terminar hundiéndo a nuestra especie. Y pensaba en el viaje que había hecho ayer, y lo poco que me gusta la gente de avión, básicamente porque durante los días de semana, en otoño, el 90% del contenido humano de la nave viaja por negocios, y casi todos tienen ese rancio tufillo a persona no grata. Y la asociación entre ambas esferas es esa especie de incontinencia irrespetuosa que tienen las personas que tienen cosas y su egocéntrica visión del mundo.
Obviamente que si se decreta la pena de muerte al alpedismo yo soy número cantado para que me lleven. Es sólo que a veces me encuentro hasta dispuesto a pagar ese precio y hago de la discreción de mis banalidades un culto, pero que soy culpable, lo soy. No puedo evitar enojarme cuando tomo conciencia de que somos los bufones de la creación. Y ese karma me despelleja cada día de mi vida societaria, deslizándome a veces sobre el borde de cierta locura o sumiéndome en bloqueos desesperanzados. La conciencia de esa condena por pertenencia a una casta maldita puede quitar el sentido a todo si uno no aprende a convivir con sus fechorías.
Obviamente que si se decreta la pena de muerte al alpedismo yo soy número cantado para que me lleven. Es sólo que a veces me encuentro hasta dispuesto a pagar ese precio y hago de la discreción de mis banalidades un culto, pero que soy culpable, lo soy. No puedo evitar enojarme cuando tomo conciencia de que somos los bufones de la creación. Y ese karma me despelleja cada día de mi vida societaria, deslizándome a veces sobre el borde de cierta locura o sumiéndome en bloqueos desesperanzados. La conciencia de esa condena por pertenencia a una casta maldita puede quitar el sentido a todo si uno no aprende a convivir con sus fechorías.
