martes, septiembre 13, 2005

Zombies

Estoy tratando de comentar algunos pensamientos extraños sobre el planeta y los monos sin pelos que dominan su actual existencia. Vivo en una sociedad que tienen poco que ver para adelante y las que visito ocasionalemnte tienen básciamente eso en común.
Hoy veía una tapa de una revista que hablaba sobre el culto a Madonna. Como una cosa seria. Discutía si era negocio o espiritualidad. Por Dios.
A través de haberme arrastrado a través de varias capas de mi conciente e inconciente, ello y boludeces por el estilo durante estos años, me hice duro. Tal vez una pizca de Nietzche en mi tierna juventud me ha moldeado escéptico y fascista, y sabiendo de mis demostradas limitaciones en el campo del pensamiento profundo ( para la simplicidad de mi mente post-coitum, cualquier entidad que requiera un mínimo de estudio indiscutible se transformó en una odisea), tomé como bandera que cualquier cosa que se volviera demasiado complicada era, cuando menos, rara, y por lo tanto sospechosa de exceso de egoísmo. Sólo pensa en eso. Si no es tu egoísmo lo que te esta oponiendo a mí ahora.
Enough enlightment for today.
Cheers.

jueves, abril 14, 2005

Mis enojos triviales e incongruentes

Es sorprendente estar a la mañana afeitándote en el espejo y encontrarte de pronto tratando de volver a desmenuzar un viejo enojo. Me acordaba de "Las invasiones bárbaras", y toda esa parafernalia intelectual chauvinista que, aun con el avanzado cariz canadiense, va a terminar hundiéndo a nuestra especie. Y pensaba en el viaje que había hecho ayer, y lo poco que me gusta la gente de avión, básicamente porque durante los días de semana, en otoño, el 90% del contenido humano de la nave viaja por negocios, y casi todos tienen ese rancio tufillo a persona no grata. Y la asociación entre ambas esferas es esa especie de incontinencia irrespetuosa que tienen las personas que tienen cosas y su egocéntrica visión del mundo.
Obviamente que si se decreta la pena de muerte al alpedismo yo soy número cantado para que me lleven. Es sólo que a veces me encuentro hasta dispuesto a pagar ese precio y hago de la discreción de mis banalidades un culto, pero que soy culpable, lo soy. No puedo evitar enojarme cuando tomo conciencia de que somos los bufones de la creación. Y ese karma me despelleja cada día de mi vida societaria, deslizándome a veces sobre el borde de cierta locura o sumiéndome en bloqueos desesperanzados. La conciencia de esa condena por pertenencia a una casta maldita puede quitar el sentido a todo si uno no aprende a convivir con sus fechorías.